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Archivo de la etiqueta: exilio

A lo sumo puedo recordar que fui feliz. El título de la obra de John Milton (Paradise lost) es una tautología“. (¿Manual de ética?)

Me siento sola. Los días son largos. Es inevitable: el olor de los almendros me recuerda continuamente la amargura de los amores contrariados.

Vivo inmersa en un pasado idílico, un no sé cuándo en el que todo era maravilloso y no había sufrimiento.  Me refugio en el recuerdo de los amigos de antes. En mis momentos de lucidez pienso ¿Qué amigos? ¿Qué antes? Que la mistificación de la memoria es una trampa mortal. No hay recuerdos inocentes.

Y te acuerdas mi amor cuando no había tiempo? Y el tiempo estaba al servicio de nuestro despertar. Todo estaba quieto, para nosotros. Te acuerdas cuando las noches se encadenaban y no había mañana que nos cortase el rollo, María. Que donde cerraba un bar abríamos otro y no. No había forma de pararnos. Cuánto nos reíamos. Te acuerdas de la lluvia en La Latina? Cuánto nos queríamos, mi amor. Nos queríamos tanto que yo lloraba de la emoción cuando hacíamos el amor. A lo mejor tú no te dabas cuenta de lo bonito que era todo, era precioso. Era precioso dar vueltas olvidando a dónde queríamos ir. Y toda esa gente que teníamos alrededor eran nuestros amigos. Siempre había música. Cada tarde el sol se ponía con una canción. Y el vino, y las rosas, y las divagaciones infinitas. Hablábamos de tantas cosas, y tú me escuchabas, te gustaba escucharme hablar.

Pero tú no recuerdas nada porque fui yo la que se quedó anclada a ese verano. Esclavizada por la belleza seguí rompiéndome la cabeza contra los muros que tu edificabas cada vez más altos. Tu rechazo. Tu desprecio. ¿Por qué? Cabrón.

No tiene sentido explicar. No entenderás si hasta ahora no has entendido. Ahora sé que la nostalgia es engañosa, la añoranza una mentira. Los recuerdos fantasía.

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Ella no supo más que padecer esa belleza. A veces no queda más remedio. Las cosas son tan hermosas cuando se acercan a su final.

Su caída era una danza perpetua y dulce que se condensaba en cada adiós. Adiós todos los días, adiós al día. Mi amor, adiós.

Aprendí a dormir nunca del todo, a confundir el sueño con la vigilia. A comprender que el viento amaina, pero regresa

Ir al baño por la mañana
baldosines sucios y helados
ceniza y sangre.
Cuerpos desilusionados, cuerpos que pesan y decepcionan
alrededor del lavabo
la negra peste de las cosas infames.
Este temblor de carnes obscenas
este frío oscuro
y el caer más inhumano
o más humano
de una enferma al suelo.
Este tráfico que la estratosfera
nunca conocerá. Esta es
la infamia de los cuerpos desnudos puestos a arder
bajo la luz atávica del hombre.

decadence

Nuestra generación está condenada a una eterna adolescencia. Y cada uno es artífice y elige su propia condena. De nada sirve el victimismo y el arrepentimiento: me provoca náuseas la hipocresía del perdón. Ya que vivimos en el límite, más allá del bien y del mal, acomodados en un limbo en el que es lícito y celebrado el descontrol.

Es hora de desterrar de nuestras mentes la patética finción de la moral. La incertidumbre, la precariedad del futuro, el enorme miedo a poner los pies en el suelo y a admitir la consistencia de una, de cualquier realidad son el estigma de aquellos que, como yo, han mamado desde siempre de la mierda edulcorada en la que se han convertido todos los que quizá un día fueron ideales.

Cómo condenar el escepticismo, el cinismo, la indiferencia ante las cosas, en un mundo que se ha envenenado hasta el punto de que la libertad no puede ser sino el no esperarse nada, el no creer en nada. Hasta el punto de que tenemos que esnifar cada vez mayores dosis de felicidad, y vendemos el cuerpo y el alma, que no valen ya sino menos que nada.

Nacimos cansados y crecimos solos. No crecimos. Aprendimos solamente a deslizarnos entre las cosas. A manejar cada uno nuestras propias mentiras y a comprarnos pastillas para sedar la ansiedad.

La nuestra es la sociedad de los analgésicos, que todos negamos el sufrimiento. Negación que nos somete, nos hace jóvenes esclavos y orgullosos de la narcosis y la alienación.

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