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Es majestuoso el vuelo del águila. El cielo hace hermosas promesas, que quedan ocultas, encerradas dentro del inquebrantable azul.

Horizonte, retazo de nuestros sueños.

Los pájaros no pesan. El vuelo siempre ha sido una alegoría de la libertad.

Nunca me gustaron los pájaros, con sus plumas y sus picos puntiagudos, con sus movimientos rápidos y sus ojos sospechosos. Seres del aire, desanclados de la realidad, que os coméis las criaturas de la Tierra. No sois más dignos que una lombriz. Ellas habitan las entrañas del mundo, lo alimentan y se alimentan de él. Aman a su madre, su vida es agradecimiento y entrega, sin mistificación.

Pájaros arrogantes que os alzáis en vuelo, os engañáis. No sois libres. Las alas no rompen las cadenas. Vivís en perpetua huida y jamás será libre aquel que huye, sino aquel que al contrario permanece, cuerpo en tierra, en incesante contacto con la realidad.

Que soy mujer de carne y hueso, con un cuerpo que ocupa y pesa. Hija de la Historia y heredera del pasado. Pasión y movimiento. Barro, mierda, sudor, vísceras y sangre. No niego el odio ni el deseo. Ni el temor a la muerte. Soy un ser terrestre, mi existencia es temporal.No creo, ni en Dios, ni en antes, ni en después más allá del simple ahora. Creo en el poder de la belleza y en el valor incalculable del error perpetuado día a día, todos los días.

El único vuelo libre es el del pensamiento humano. La vida eterna no más que trascendencia del olvido. Humanismo. Conciencia. Comprensión profunda de lo universal.

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“Pero de ese canto, de ese encanto, hay que mantenerse a distancia; hay que mantenerse a distancia de la distancia, y no sólo, como podría suponerse, para protegerse de esa fascinación, sino también para experimentarla.”

Maldito Derrida. ¿Qué significa? Esos conceptos recurrentes en mi imaginario, entrelazados en una lógica profética que me saca de quicio.

Esta mañana he vuelto a hablar conmigo, calle abajo. Y mientras yo y yo discutíamos y nos reconciliábamos, como tanto nos gusta hacer, ese pájaro amarillo seguía cantando y ocultándose en las copas de los árboles. Mentiroso. Qué crees, que no veo tus intenciones.

¿Cómo era ese verso?

“Me da igual, yo ya me iba/Que crucemos, o cruzamos/Me da igual./No me da igual, pero me iba.” Sí querido Pirata, como un mantra me repetía esas palabras mientras venía calle abajo esta mañana, con el canto del pájaro burlándose de mi a cada cinco pasos que daba. Y yo intentando fingir que lo ignoraba. Maldito pájaro, cómo sabe cuáles son mis debilidades.

Venía calle abajo una mañana. No me daba igual, pero me iba. Adiós y hasta cuándo otra vez, no lo sé. Hemingway dice en nosedónde que hacer el amor es una tregua con la muerte. Y yo volvía a mi personal e intransferible nosedónde, con el pájaro, el canto, el tedio y la guerra a los recuerdos.

Añorando ya tus manos y tus besos, que eran mucho más honestos de lo que declarabas en tu manifiesto, bajaba yo diciéndome que quisiera no tener que volver a casa para poder hacer el amor todas las noches, que es precioso, y no cuesta dinero. Al mismo tiempo pensaba en lo deprimente que es esta libertad, que no es la libertad que yo imaginaba. ¿Libertad de qué? ¿De no esperarme nada? Libre de expectativas, compromisos, vínculos y convicciones. Desanclada, descarriada. Eso, una pluma al viento. Sí, H. Una pluma al viento, ¿y que? Te parece triste o ridículo. Pero sólo es una condición temporal, y a veces es bonito dejarse arrastrar por el huracán. Hipócrita.

Me daba igual, yo ya me iba. Y una vez cogido el metro pude sumergirme de nuevo en el sueño de anoche y narcotizarme en el recuerdo de los sueños que no acaban, de los abrazos infinitos, de tus ojos que ven más allá. La comprensión, el amor, el todo universal, el espíritu, el cuerpo, mientras vuelvo a mi tedio cotidiano y el pájaro amarillo me da una tregua de 45 minutos.

 

 

 

A lo sumo puedo recordar que fui feliz. El título de la obra de John Milton (Paradise lost) es una tautología“. (¿Manual de ética?)

Me siento sola. Los días son largos. Es inevitable: el olor de los almendros me recuerda continuamente la amargura de los amores contrariados.

Vivo inmersa en un pasado idílico, un no sé cuándo en el que todo era maravilloso y no había sufrimiento.  Me refugio en el recuerdo de los amigos de antes. En mis momentos de lucidez pienso ¿Qué amigos? ¿Qué antes? Que la mistificación de la memoria es una trampa mortal. No hay recuerdos inocentes.

Y te acuerdas mi amor cuando no había tiempo? Y el tiempo estaba al servicio de nuestro despertar. Todo estaba quieto, para nosotros. Te acuerdas cuando las noches se encadenaban y no había mañana que nos cortase el rollo, María. Que donde cerraba un bar abríamos otro y no. No había forma de pararnos. Cuánto nos reíamos. Te acuerdas de la lluvia en La Latina? Cuánto nos queríamos, mi amor. Nos queríamos tanto que yo lloraba de la emoción cuando hacíamos el amor. A lo mejor tú no te dabas cuenta de lo bonito que era todo, era precioso. Era precioso dar vueltas olvidando a dónde queríamos ir. Y toda esa gente que teníamos alrededor eran nuestros amigos. Siempre había música. Cada tarde el sol se ponía con una canción. Y el vino, y las rosas, y las divagaciones infinitas. Hablábamos de tantas cosas, y tú me escuchabas, te gustaba escucharme hablar.

Pero tú no recuerdas nada porque fui yo la que se quedó anclada a ese verano. Esclavizada por la belleza seguí rompiéndome la cabeza contra los muros que tu edificabas cada vez más altos. Tu rechazo. Tu desprecio. ¿Por qué? Cabrón.

No tiene sentido explicar. No entenderás si hasta ahora no has entendido. Ahora sé que la nostalgia es engañosa, la añoranza una mentira. Los recuerdos fantasía.

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Ella no supo más que padecer esa belleza. A veces no queda más remedio. Las cosas son tan hermosas cuando se acercan a su final.

Su caída era una danza perpetua y dulce que se condensaba en cada adiós. Adiós todos los días, adiós al día. Mi amor, adiós.

Aprendí a dormir nunca del todo, a confundir el sueño con la vigilia. A comprender que el viento amaina, pero regresa

Si la comprension es la meta. No lo se.

Si la comprension es la cura.

Olvidar una pesadilla para poder seguir viviendo.

He soñado sangre todas las noches durante tantas noches. Sangre por todas partes. Mi sangre y la sangre de todos los muertos de la historia en un mar de putrfacción y de frío.

Amo la vida. no puedo explicar el panico y el dolor. No respondo de mis actos.

Pido perdon

Y confio solo en el futuro que es

Confio en el futuro.

Premisa:

En primer lugar, escribo con una sola mano porque tengo una lusación en el codo. Podría parecer que esto no viene a cuento, pero sí. Y ahí lo dejo.

En segundo lugar, esto que transcribo de un cuaderno del año pasado es una de las muchas cartas que escribí a una persona que era y no era una persona y era una y muchas personas. Llamemosle, escogiendo un nombre al azar, Marcos.

04/IV/12

Demasiado estúpida, demasiado insegura.

Nunca he tenido tanto mido a estar sola. El jueves me sentí así: estaba rodeada de gente, nada iba mal. Pero nadie podía oírme en realidad. Todo es ficción a veces. A veces siento que construyo edificios enormes con mentiras. Ladrillos y ladrillos de mentiras. Mentiras que alimentan mi ego, que son el combustible que me mantiene despierta y activa. Mentiras en forma de polvo blanco que se te mete por la nariz.

Y todo es de puta madre, no quieres que se acabe, no quieres que amanezca. Ojalá el tiempo se adaptase a nuestra percepción del tiempo.Ojalá la velocidad se pudiese decidir y no padecer.

Sí. Y ojalá hubiese alguien que te viese cuando estás abajo, cuando estás abajo del todo, cuando ya no molas. Cuando sólo eres tú. O lo que queda de tú. Cuando estás triste triste triste. Porque sabes que nadie te va a escuchar, que los que te escuchaban ya están cansados de escuchar las mismas gilipolleces.

Ojalá hubiese alguien ahí. No para tener razón (Julieta). Sino para entender que necesitabas equivocarte para ponerte a prueba. Para entender que las cosas te afectan demasiado . Que eres demasiado apasionada. Demasiado. Demasiado, Demasiado todo.

Que toda mi vida siempre ha sido un exceso o un defecto de todo. Nunca hubo un equilibrio.

Y yo te sigo escribiendo a ti. Que no eres nadie. Que digo que no eres nadie para mantener la calma. Porque cada vez que te miro

Pero es inútil

Pero fue bonito.

Fue divertido.

No hay palabra que circunscriba el abismo de la angustia, el sol no cabe en dos sílabas. Ni siquiera el punto marca un punto.

Si pudiese pronunciar música

y no hablar tanto, sin tan siquiera rozar la realidad de las cosas que quiero decir.

Tú cantas y tu alma se desconcentra en anillos de fuga perpetua.

Amiga

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